Por Lic.Enf. Sergio Dos Santos
Docente de Pallium Latinoamérica y Paliativista
Envejecer implica cambios, pero también continuidad: Seguimos siendo personas con historia, deseos, vínculos y capacidad de decidir.
Seguimos siendo nosotros mismos, transitando otra etapa de la vida.
Parece una afirmación sencilla. Sin embargo, no siempre nuestras miradas, nuestras palabras y nuestras prácticas logran sostenerla.
No existe una única manera de envejecer. Las vejeces son diversas porque también lo son las trayectorias de vida. Hay personas mayores con gran vitalidad y autonomía, y otras que atraviesan situaciones de fragilidad, conviven con enfermedades crónicas o necesitan mayor acompañamiento en su vida cotidiana.
Pero ninguna de esas condiciones alcanza para decir quién es una persona.
Cada persona llega a la vejez con una biografía, una forma de vincularse, de elegir, de comprender el mundo y de proyectarse. Y muchas de esas dimensiones permanecen presentes con enorme fuerza, incluso cuando aparecen cambios en la salud o se modifican las necesidades de cuidado.
En salud hablamos cada vez más de atención centrada en la persona. Hablamos de autonomía, empatía, singularidad, dignidad y derechos. La pregunta es cuánto de esos principios conseguimos traducir realmente en nuestra manera de acompañar.
Conocer un diagnóstico, valorar síntomas o identificar necesidades de cuidado es necesario. Pero esa información no nos cuenta una historia.
Recuperar la biografía no significa agregar un detalle amable al cuidado. Significa intentar comprender a quién tenemos delante: qué le importa, qué quiere preservar, cómo desea ser acompañada y qué decisiones quiere seguir tomando sobre su propia vida.
La fragilidad, cuando está presente, puede modificar la forma en que una persona necesita ser cuidada, pero no elimina derechos, no cancela deseos ni vuelve menos importante su voz.
¿Qué vemos cuando acompañamos a una persona mayor?
¿Seguimos reconociendo con la misma claridad quién es, qué quiere y qué valora? ¿O empezamos, casi sin advertirlo, a mirar primero la edad, el diagnóstico o las limitaciones que aparecen?
Las intervenciones tienen que organizarse alrededor de las necesidades de la persona mayor. El problema aparece cuando esas necesidades las definimos nosotros sin suficiente escucha.
Acompañar a una persona mayor, especialmente cuando atraviesa un proceso de enfermedad, no es decidir por ella, sino con ella: ofreciendo lo necesario para que pueda seguir siendo protagonista de su propia vida y de las decisiones que la atraviesan.
En este 1.º de octubre, tal vez valga la pena volver a una pregunta tan sencilla como exigente:
¿Cuánto de lo que hacemos permite que una persona mayor siga siendo protagonista de su propia vida?
Equipo de Pallium Latinoamérica