Durante un tiempo seguí despertándome de madrugada  solo para saber si estabas bien.

El cuerpo tiene esas costumbres. Sabe que ya no estás y, sin embargo, te hace lugar. Se corre hacia un lado de la cama haciendo ese pequeño huequito, cuida dónde pisa, espera un sonido o una pequeña mirada de complicidad.

A veces todavía miro la hora y pienso que tengo que volver a casa por vos. Después me acuerdo. Y en ese instante tan breve, entre la costumbre y lo que sé, vuelvo a extrañarte.

Nunca imaginé cuánto de mi día llevaba tu nombre.

Había aprendido tus horarios, tus maneras de pedir, eso que hacías cuando querías estar cerca. Vos también conocías cosas de mí. El ruido de mi llegada. Mis movimientos antes de salir. Los días en que me quedaba en silencio.

Nuestra vida juntas estaba hecha de ese idioma.

Ahora me pregunto dónde se guarda un idioma cuando falta alguien con quien hablarlo.

Algunas personas me dicen que piense en los momentos lindos. Los pienso. Pero a veces un recuerdo hermoso también duele. Como cuando corto los tomates cherrys y no escucho tus zapateos. Otras veces me río al acordarme de alguna de tus ocurrencias y, por un momento, la casa vuelve a tener algo de aquel desorden nuestro.

Me gustaría poder elegir qué recuerdo llega primero.

Todavía vuelvo a los últimos días. Repaso lo que hice, lo que entendí, lo que quizás podría haber sido distinto. Hay preguntas para las que quisiera una respuesta tuya. Aprender a vivir sin ella también forma parte de esta despedida.

Por eso hoy quiero escribirte sobre tu vida.

Sobre todo lo que pasó antes de ese último día. Sobre tus preferencias tan claras, tus pequeñas insistencias, tu manera de amar tan inseparable de vos.

Me pregunto cuánto de lo que llamamos hogar es, en realidad, la presencia de alguien.

Hoy elegí una fotografía de una de nuestras aventuras  siempre estás ahí cerca de mi presente …

Sé que compartimos una vida que merece ser contada. Y que, entre todo lo que cambió desde que te fuiste, siguen apareciendo maneras de recordarte.

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Pallium VET

En el marco del 27 de octubre, fecha en que muchas familias mexicanas recuerdan a sus animales de compañía fallecidos, compartimos esta carta para dar lugar a las historias que cada vínculo deja.

Es un texto literario: cada persona vive la pérdida de una manera diferente. Escribir, recordar o compartir un ritual son posibilidades, sin plazos ni obligaciones.