Mi nombre es Luna Desde que llegué a esta familia, aprendí a hablar sin palabras. Ellos entendieron mis movimientos, mis silencios, mis tiempos. Con los años, mi cuerpo comenzó a cambiar: caminar dolía, el descanso ya no era reparador y mis juegos se volvieron...
Desde que era una cachorra, mis pasos siguieron a los suyos. Mi familia humana me dio amor, juegos, atención y esa risa suave me daba seguridad, me hacía sentir en casa. Con los años, mi andar se volvió más lento , mi mirada más contemplativa y mis siestas más...