¿Cómo está la persona que cuida?

Nos preocupa, con razón, el bienestar de quienes necesitan asistencia. Preguntamos por sus síntomas, su descanso, sus tratamientos y sus necesidades. Organizamos recursos para acompañarlos y buscamos respuestas a aquello que les sucede.

Pero, muchas veces, detrás de cada persona que recibe cuidados hay alguien cuya vida también se ha transformado.

Alguien que modifica sus horarios, posterga actividades, reorganiza sus responsabilidades o aprende tareas que jamás imaginó tener que realizar. Alguien que, además de acompañar, sostiene preocupaciones, decisiones y sentimientos que no siempre puede compartir.

Y entonces aparece otra pregunta, quizás más difícil: ¿cuánto tiempo puede sostenerse el cuidado cuando las necesidades de quien cuida quedan sistemáticamente en segundo plano?

Cuidar es parte de la vida. Pero no debería ser una responsabilidad solitaria.

Todos necesitamos cuidados en distintos momentos de nuestra existencia.

Desde la infancia hasta la vejez, ante una enfermedad, una situación de discapacidad o una pérdida de autonomía, nuestra vida se construye también a partir de la presencia y el apoyo de otras personas.

Cuidar es escuchar, acompañar, ayudar y estar disponibles. Pero también es trabajo, tiempo, conocimiento y responsabilidad.

No siempre reconocemos estas dimensiones con la misma facilidad.

La Organización Internacional del Trabajo estimó que, en 2023, aproximadamente 708 millones de mujeres en todo el mundo permanecían fuera de la fuerza laboral debido a responsabilidades de cuidado no remuneradas.

En Argentina, la Encuesta Nacional de Uso del Tiempo 2021 mostró que, entre quienes realizaban tareas de cuidado no remunerado, las mujeres dedican un promedio de 6 horas y 7 minutos diarios, frente a 3 horas y 30 minutos de los varones.

Estas cifras no intentan medir el afecto ni el compromiso de quienes cuidan. Permiten reconocer algo diferente: el cuidado requiere tiempo y ese tiempo no siempre se distribuye de manera equitativa.

Cuando una persona asume de forma sostenida la mayor parte de las responsabilidades, también pueden verse limitadas sus posibilidades de trabajar, estudiar, descansar, participar de la vida social o atender su propia salud.

El cuidado no debería exigir la renuncia permanente a las necesidades personales.

El autocuidado no puede ser una responsabilidad más

Con frecuencia escuchamos recomendaciones sobre la importancia de descansar, alimentarse adecuadamente, realizar actividad física o reservar espacios personales.

Son prácticas importantes. Sin embargo, para muchas personas cuidadoras, llevarlas adelante no resulta tan sencillo.

¿Cómo descansar cuando no hay nadie que pueda ofrecer un relevo? 

¿Cómo asistir a una consulta médica cuando otra persona depende de nuestra presencia? 

¿Cómo encontrar tiempo propio cuando cada jornada está organizada alrededor de las necesidades de los demás?

En junio de 2026, la Organización Mundial de la Salud reafirmó su definición de autocuidado como la capacidad de las personas, familias y comunidades para promover y mantener su salud, prevenir enfermedades y afrontarlas, con o sin apoyo profesional.

La OMS también destaca que el autocuidado complementa, pero no sustituye, a los sistemas de salud.

Esta distinción resulta fundamental.

Promover el autocuidado no debería convertirse en una nueva exigencia individual para quienes ya están sobrecargados.

Necesitamos pensar en las condiciones que permiten ejercerlo: información accesible, acompañamiento profesional, tiempos de descanso, servicios disponibles y redes de apoyo.

Porque no basta con decirle a alguien que debe cuidarse. También tenemos que preguntarnos qué estamos haciendo para que pueda hacerlo.

Lo que los Cuidados Paliativos nos enseñan sobre acompañar

En los Cuidados Paliativos sabemos que una enfermedad grave no transforma únicamente la vida de quien la atraviesa. También puede modificar profundamente la dinámica familiar, las relaciones, las rutinas y la manera en que las personas proyectan su vida cotidiana.

El sufrimiento puede expresarse en dimensiones físicas, emocionales, sociales y espirituales.

Por eso, el acompañamiento no se limita al tratamiento de síntomas. También requiere comprender las necesidades de las familias y de quienes participan del cuidado.

Una revisión sistemática publicada en Nursing Open en 2025, que reunió 17 estudios sobre cuidadores informales en contextos de cuidados paliativos, identificó necesidades persistentes relacionadas con el acceso a información, el apoyo práctico y el bienestar emocional.

Estos hallazgos nos recuerdan que las personas cuidadoras también necesitan ser escuchadas, orientadas y acompañadas.

A veces, ese apoyo significa comprender mejor qué está sucediendo con la enfermedad.

Otras veces, aprender a manejar una situación difícil, compartir una decisión, expresar un temor o contar con alguien a quien recurrir.

También significa reconocer que existen límites y que pedir ayuda no debería interpretarse como una falta de compromiso.

Acompañar a quienes cuidan forma parte de una atención centrada en las personas.

Sin embargo, esta posibilidad no siempre está disponible.

El Atlas de Cuidados Paliativos en las Américas 2025, elaborado por el Observatorio Global ATLANTES de la Universidad de Navarra, estima que cerca de 2,98 millones de personas necesitan cuidados paliativos cada año en el continente.

El informe señala además que solo 10 de los 35 países analizados incluyen estos cuidados como servicio legalmente garantizado en atención primaria.

Aunque esta cifra describe una dimensión normativa y no el acceso efectivo de cada persona, permite dimensionar las brechas que todavía persisten.

Cuando los recursos y servicios son insuficientes, las familias pueden enfrentar mayores dificultades para encontrar el acompañamiento que necesitan.

Fortalecer los Cuidados Paliativos también significa contribuir a que el cuidado no quede depositado exclusivamente en los hogares.

De la responsabilidad individual a la construcción de una comunidad que cuida

En los últimos años, organismos internacionales como la CEPAL han propuesto avanzar hacia una sociedad del cuidado.

Esta perspectiva invita a reconocer que cuidar, recibir cuidados y ejercer el autocuidado son dimensiones interdependientes de la vida humana.

Y también nos propone repensar nuestras formas de relacionarnos.

Tal vez cuidar a quien cuida comience con una pregunta sencilla: 

¿qué necesitás hoy?

Pero escuchar la respuesta implica estar dispuestos a hacer algo con ella.

Compartir una tarea. Ofrecer compañía. Respetar una decisión. Acercar información confiable. Reconocer el trabajo de quienes brindan cuidados de manera remunerada. Crear espacios comunitarios donde las familias encuentren orientación, vínculos y acompañamiento.

Las comunidades pueden convertirse en redes que sostienen, sin reemplazar las responsabilidades de los servicios y sistemas de atención.

Desde Pallium Latinoamérica, entendemos que el cuidado se construye a través del encuentro entre las personas, los equipos de salud, las familias y la comunidad.

Por eso, nuestra tarea integra la asistencia, la formación, la investigación y el compromiso comunitario, con el propósito de contribuir a una atención más humana, accesible e integral.

En este Día Internacional de los Cuidados y el Apoyo, queremos ampliar la conversación.

No solamente reconocer a quienes cuidan, sino preguntarnos cómo los estamos acompañando.

No solamente valorar su entrega, sino comprender sus necesidades.

No solamente hablar del cuidado como una expresión de amor, sino también como una responsabilidad que necesita recursos, conocimientos, tiempo y apoyo.

Porque una comunidad que cuida no es aquella que espera que alguien pueda con todo, sino aquella que aprende a sostener la vida entre todos.

Quizás sea momento de cambiar la pregunta.

En lugar de preguntarnos cuánto más puede dar una persona que cuida, empecemos a preguntarnos:

¿Qué necesitamos transformar para que también tenga la posibilidad de cuidarse?

Equipo Interdisciplinario de Pallium Latinoamérica

 

Fuentes y bibliografía

  1. Naciones Unidas (2023). Resolución A/RES/77/317. Día Internacional de los Cuidados y el Apoyo.
    https://www.un.org/es/observances/care-and-support-day
  2. Organización Mundial de la Salud (2026). Autocuidado para la salud y el bienestar.
    https://www.who.int/es/news-room/fact-sheets/detail/self-care-health-interventions
  3. Organización Internacional del Trabajo (2024). 708 millones de mujeres no pueden participar en el mercado laboral debido al trabajo de cuidados no remunerado. Datos correspondientes a 2023.
    https://www.ilo.org/resource/news/unpaid-care-work-prevents-708-million-women-participating-labour-market
  4. INDEC (2022). Encuesta Nacional de Uso del Tiempo 2021. Resultados definitivos. Argentina.
    https://biblioteca.indec.gob.ar/bases/minde/enut_2021_definitivos.pdf
  5. Organización Mundial de la Salud (2020). Cuidados paliativos.
    https://www.who.int/es/news-room/fact-sheets/detail/palliative-care
  6. Usai, M., Sguanci, M., De Benedictis, A., Piredda, M. y De Marinis, M. G. (2025). Caring for the Informal Caregivers: Systematic Review of Unmet Needs in Palliative Care. Nursing Open, 12(11), e70343.
    https://doi.org/10.1002/nop2.70343
  7. Observatorio Global de Cuidados Paliativos ATLANTES, Universidad de Navarra (2025). Atlas de Cuidados Paliativos en las Américas 2025. Diez puntos clave para la región.
    https://www.unav.edu/documents/d/atlantes-global-observatory-of-palliative-care/keyinsights-americas-esp
  8. CEPAL (2025). La CEPAL llama a acelerar el logro de la igualdad sustantiva de género y la sociedad del cuidado.
    https://conferenciamujer.cepal.org/67m/es/noticias/la-cepal-llama-acelerar-logro-la-igualdad-sustantiva-genero-la-sociedad-cuidado-ocasion-dia