Día del Nutricionista

Por Agustina Senese

“Hace días que no quiere comer.”

La frase casi siempre llega con la misma carga de angustia. La dice una hija mientras acomoda el plato sobre la mesa. La repite un esposo que volvió a preparar esa comida que siempre le gustó. O un hijo que insiste, una vez más, con una cucharada.

“Aunque sea un poquito.”

Quienes acompañan a una persona con una enfermedad avanzada conocen muy bien ese momento. Porque cuando alguien deja de comer, no solo aparece la preocupación por la nutrición. También aparecen la culpa, el miedo y una sensación difícil de explicar: la de sentir que ya no sabemos cómo cuidar.

Durante toda la vida aprendimos que alimentar es una forma de amar.

Y es verdad.

Desde que nacemos, el alimento está ligado al cuidado. Celebramos alrededor de una mesa. Consolamos con un plato caliente. Cocinamos las recetas de quienes ya no están para sentirlos un poco más cerca. Compartimos un mate para conversar. Invitamos a comer para decir “te quiero” sin necesidad de pronunciar esas palabras.

Por eso, cuando una persona deja de comer, pareciera que también se rompe una forma muy profunda de demostrar afecto.

En los Cuidados Paliativos esa escena es cotidiana. Y justamente por eso el rol del nutricionista resulta tan valioso.

Lejos de limitarse a indicar una dieta o calcular calorías, acompaña a las personas y a sus familias a comprender qué está ocurriendo y cómo seguir cuidando cuando la enfermedad cambia las reglas.

Porque muchas enfermedades avanzadas provocan pérdida del apetito, alteraciones del gusto, sequedad bucal, dificultad para tragar, náuseas, sensación de llenura o fatiga. Comer deja de ser un acto espontáneo y puede convertirse en un esfuerzo físico y emocional.

Frente a eso, la pregunta deja de ser:

“¿Cómo logramos que coma más?”

Y pasa a ser otra, mucho más importante:

“¿Cómo hacemos para que siga disfrutando de la comida, aunque sea de otra manera?”

Tal vez implique cambiar la textura de los alimentos. Servir porciones más pequeñas. Elegir ese postre favorito que todavía despierta una sonrisa. Compartir un café cuyo aroma trae recuerdos. O simplemente respetar que ese día no hay ganas de comer.

En Cuidados Paliativos no existe una alimentación perfecta.

Existe una alimentación posible.

Y esa diferencia cambia por completo la forma de acompañar.

También cambia la manera en que viven ese proceso quienes están al lado.

Muchas familias llegan creyendo que si su ser querido no come, ellas están fallando. Que deberían insistir más. Cocinar distinto. Probar otra receta. Buscar un suplemento. Hacer algo.

Sin embargo, una de las intervenciones más importantes del nutricionista suele ser ayudar a comprender que la disminución del apetito forma parte de la evolución de muchas enfermedades avanzadas y que cuidar no siempre significa insistir. A veces significa respetar. Escuchar. Acompañar. Evitar que cada comida se transforme en una fuente de tensión o sufrimiento.

La evidencia demuestra que una intervención nutricional temprana puede aliviar síntomas, preservar la funcionalidad y contribuir a una mejor calidad de vida. Pero hay algo que la experiencia cotidiana enseña todos los días y que ningún estudio puede resumir completamente: detrás de cada plato hay una persona con una historia, con preferencias, con recuerdos y con deseos.

En el Día del Nutricionista vale la pena reconocer a quienes trabajan para que la alimentación siga siendo un espacio de encuentro, de autonomía y de bienestar, incluso cuando la enfermedad impone nuevos límites.

Porque cuidar también puede ser servir una porción más pequeña.

Compartir un mate.

Celebrar un cumpleaños con dos cucharadas de helado.

O simplemente sentarse al lado de alguien, sin presionarlo, mientras disfruta el sabor que todavía elige.

Porque, incluso cuando ya no es posible curar, siempre es posible cuidar.

Y muchas veces, ese cuidado comienza alrededor de una mesa. 

Equipo Pallium Latinoamerica

PRENSA 
Edicion: Angel Colangelo
Produccion: DC Comunicacion y PR
www.dccomunicacion.com.ar

 

Publicaciones:  Alimentar también es cuidar

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