Por Eric Andrew Finkelstein
Durante los últimos años, una idea comenzó a ganar fuerza en distintos sistemas de salud: los cuidados paliativos no solo mejoran la calidad de vida, sino que también podrían reducir los costos de la atención sanitaria. Aunque esta afirmación parece atractiva, el economista de la salud Eric Andrew Finkelstein propone detenerse y formular una pregunta diferente:
“Si los cuidados paliativos ahorran dinero, la pregunta es: ¿en relación con qué?”
Su editorial, publicado en Palliative Medicine, invita a replantear la manera en que entendemos el valor de los cuidados paliativos. Más que una discusión económica, plantea una reflexión sobre aquello que realmente importa cuando hablamos de cuidar.
Finkelstein nos recuerda que muy pocas intervenciones sanitarias logran mejorar los resultados de salud y, al mismo tiempo, reducir los costos. La mayoría aporta beneficios valiosos, aunque impliquen una inversión para los sistemas de salud. Los cuidados paliativos no son la excepción.
Si bien algunos estudios muestran que determinadas intervenciones paliativas pueden disminuir hospitalizaciones o tratamientos innecesarios, la evidencia es heterogénea y depende del contexto, del momento en que se implementan y del sistema sanitario en el que se desarrollan.
La importancia de recordar el propósito original de los cuidados paliativos
Desde su nacimiento, los cuidados paliativos nunca tuvieron como objetivo reducir costos.
Su razón de ser fue responder a una necesidad profundamente humana:
¿Qué necesita una persona cuando la enfermedad crónica o que amenaza su vida ya no puede curarse?
Cicely Saunders definió el concepto de “dolor total”, recordándonos que el sufrimiento no es solo físico, sino también emocional, social y espiritual. Más tarde, referentes como Balfour Mount, Ira Byock y Atul Gawande ampliaron esta mirada, promoviendo una medicina capaz de escuchar los valores, las preferencias y los proyectos de vida de cada persona.
Desde esta perspectiva, la reducción de intervenciones innecesarias puede aparecer como una consecuencia del cuidado de calidad, pero nunca constituye su finalidad.
Hablar de acceso también es hablar de equidad
El editorial incorpora otra reflexión clave: cuando se compara el costo de los cuidados paliativos, es necesario preguntarse cuál es la realidad con la que se los está comparando.
En muchos lugares del mundo, la atención habitual sigue siendo morir en el hogar con escaso acceso a la atención médica formal o sin alivio adecuado del dolor.
Por eso, garantizar el acceso a los cuidados paliativos implica mucho más que crear servicios especializados. También supone formar profesionales, fortalecer los equipos de salud y asegurar que todas las personas puedan recibir una atención competente, oportuna y centrada en sus necesidades, independientemente del lugar donde vivan.
La conclusión de Eric Finkelstein es clara: los cuidados paliativos no deberían ser juzgados por un estándar que muy pocas intervenciones sanitarias consiguen alcanzar.
Su valor reside en aliviar el sufrimiento, mejorar la experiencia de pacientes y familias y ofrecer una atención de alta calidad con una excelente relación entre beneficios y recursos utilizados.
Quizás, entonces, la pregunta ya no sea cuánto dinero ahorran los cuidados paliativos.
La pregunta sea otra:
¿Cuál es el costo humano de no ofrecerlo?
Te invitamos a leer el artículo completo y sus reflexiones aquí!
Artículo: 2026 palliative-care-the-holy-grail-of-healthcare-interventions (2) (1).pdf