Por Susy Ciruzzi
Referente en Bioética, Derecho y Cuidados Paliativos
Formación académica nacional e internacional en Bioética y Palliative Care.
La dignidad animal
“La grandeza de una nación y su progreso moral pueden ser juzgados por la forma en que sus animales son tratados.” — Mahatma Gandhi
Suele afirmarse que perros y gatos tienen un solo defecto: viven poco tiempo, al menos en comparación con nosotros. Y aunque es una idea que comparto, creo también que esa brevedad encierra algo profundamente revelador.
Su fidelidad y su forma de amar parecen escapar a toda lógica humana. Como afirmaba Konrad Lorenz: “A los perros no hay que tenerlos, sino merecerlos.”
Tal vez por eso los animales ocupan un lugar tan profundo en nuestras vidas. Porque nos enseñan una forma distinta de vincularnos: más simple, más honesta y, muchas veces, más generosa.
Anatole France escribió: “Hasta que uno no ha amado a un animal, una parte del alma permanece dormida.”
Y quienes convivimos con ellos sabemos que hay algo profundamente verdadero en esa frase.
Para quienes amamos a nuestros animales, resulta difícil traducir en palabras el lugar que ocupan en nuestra vida cotidiana. Su presencia modifica rutinas, emociones y maneras de habitar el mundo.
Pero junto con esa experiencia afectiva aparece inevitablemente otra realidad: la fragilidad.
Los animales envejecen.
Se enferman.
Se deterioran.
Y, como todos los seres vivos, atraviesan el final de la vida.
Es precisamente allí donde el concepto de dignidad animal adquiere una dimensión profunda y concreta.
No hablamos de una dignidad “humana” trasladada a los animales, sino del reconocimiento de una dignidad propia, vinculada a su condición de seres sintientes.
La sintiencia —la capacidad de experimentar placer, dolor, miedo, bienestar o sufrimiento— constituye uno de los pilares fundamentales de la ética animal contemporánea.
Los animales sienten.
Y si sienten, lo que les ocurre importa.
Importa el dolor.
Importa el miedo.
Importa el alivio.
Importa también la manera en que son acompañados durante la enfermedad y el sufrimiento.
Reconocer esto implica abandonar definitivamente la idea del animal como simple objeto o propiedad humana. Los animales poseen intereses propios, experiencias subjetivas y una manera singular de habitar el mundo.
Peter Singer sostiene que la capacidad de sufrir es precisamente aquello que convierte a un ser en merecedor de consideración moral. Desde esta mirada, discriminar el sufrimiento animal únicamente por pertenecer a otra especie constituye una forma de especismo.
Más recientemente, Visa Kurki profundizó el concepto de dignidad animal desde una perspectiva jurídica y ética, proponiendo cuatro dimensiones fundamentales:
- No instrumentalización: no tratar a los animales exclusivamente como medios para fines humanos.
- Igualitarismo: evitar prácticas degradantes o denigrantes.
- Florecimiento: respetar sus capacidades y necesidades propias.
- Respeto por su esencia: reconocer el valor inherente de su naturaleza y existencia.
Estas perspectivas no reemplazan necesariamente las nociones clásicas de bienestar animal; más bien las amplían.
Porque el bienestarismo se centra en evitar el sufrimiento innecesario y garantizar condiciones mínimas de bienestar. La dignidad animal propone además algo más profundo: respeto.
Y esa diferencia no es menor.
Hablar de dignidad animal implica reconocer que la vida de un animal posee valor en sí misma, más allá de su utilidad, funcionalidad o vínculo con los intereses humanos.
Implica comprender que el sufrimiento no debería ser tolerado simplemente porque pertenece a otra especie.
Exige también preguntarnos cómo cuidamos, cómo acompañamos y cómo tomamos decisiones cuando la enfermedad avanza y las posibilidades curativas comienzan a agotarse.
Es allí donde los cuidados paliativos veterinarios encuentran uno de sus fundamentos éticos más importantes.
Porque cuando la cura ya no es posible, el deber de cuidar permanece intacto.
Los cuidados paliativos veterinarios no buscan simplemente prolongar la vida. Buscan aliviar el sufrimiento, preservar la calidad de vida y acompañar de manera compasiva tanto al animal como a quienes forman parte de su vínculo afectivo.
A veces cuidar significa aliviar.
Otras veces significa esperar.
Escuchar.
Adaptar.
Sostener.
Y muchas veces, significa comprender que la dignidad también se expresa en la manera en que acompañamos el final de la vida.
Porque quizás la verdadera medida de nuestra humanidad no resida únicamente en cómo convivimos con los animales cuando están sanos, sino también en cómo elegimos cuidarlos cuando se vuelven más vulnerables.
Pallium VET
Cuidados Paliativos Veterinarios
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La Dra. María Susana Ciruzzi (Suzie Ciruzzi) es abogada egresada de la Universidad de Buenos Aires, especialista en Derecho Penal (UBA), diplomada y especialista en Bioética por FLACSO, y Magíster en Bioética por la misma institución.
Cuenta además con un Doctorado y un Posdoctorado por la Universidad de Buenos Aires.
En el ámbito internacional, realizó la Specialization in Palliative Care en Stanford University, obtuvo el Certificate in Pediatrics Bioethics en Children’s Mercy Hospital y el Certificate in Bioethics en Yale University.