Caso de Luna: Una historia de cuidado, escucha y acompañamiento hasta el final.
Mi nombre es Luna Desde que llegué a esta familia, aprendí a hablar sin palabras. Ellos entendieron mis movimientos, mis silencios, mis tiempos. Con los años, mi cuerpo comenzó a cambiar: caminar dolía, el descanso ya no era reparador y mis juegos se volvieron...